RÉQUIEM

I never thought of living a war. Already in the eighties we were getting used to the idea of a nuclear war in which everything would end very soon, they were the most important years of the cold war. However, as the years went by, that idea was dissipating and we began to live a mistaken “normality”. But who was going to prepare us for a covert biological warfare? In this war, the most affected are the old people and the young people and the nightlife, Young people who have had to stay at home. With restrictive measures that have been useless. Nightlife is mortally wounded. I didn’t know when I published the Requiem for God Abraxas, in January 2020 that it could be a premonition of what was to come. Today I have condolences for electronic culture.

Jamás pensé que viviría una guerra.

En los años ochenta nos educamos bajo la sombra de una guerra nuclear que, creíamos, acabaría con todo de forma inmediata. Eran los años más intensos de la Guerra Fría. Con el paso del tiempo, aquel miedo se fue diluyendo y comenzamos a habitar una falsa sensación de normalidad.

Nadie nos preparó para una guerra diferente: silenciosa, biológica y encubierta. En esta guerra, los más perjudicados han sido los mayores y los jóvenes, especialmente aquellos vinculados a la noche, a la música, al encuentro colectivo. Jóvenes obligados a quedarse en casa, privados del espacio donde se construye identidad, cultura y libertad.

Las medidas restrictivas, confusas y contradictorias, han dejado una herida profunda. El ocio nocturno ha quedado al borde del colapso, y con él, una parte esencial de la cultura contemporánea.

Cuando publiqué Réquiem por el dios Abraxas en enero de 2020, no imaginaba que aquellas palabras podrían anticipar lo que estaba por llegar. Hoy, con distancia y dolor, siento un profundo pésame por la cultura electrónica.

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